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La investigación centrada en el hombre y la salud de la mujer: una breve historia

La investigación centrada en el hombre y la salud de la mujer: una breve historia

Es cierto que la igualdad de género ha avanzado mucho en los últimos 100 años. Las mujeres ahora tenemos el derecho a votar, el derecho a la propiedad, y desde el año pasado, por fin tenemos el derecho a que no nos saquen fotos por debajo de la falda gracias a la revolucionaria Gina Martin. 

El progreso no para, y sin embargo, aún hay muchos ejemplos que demuestran que seguimos viviendo en un «mundo de hombres». Desde los trajes espaciales a los maniquís de pruebas de choque, el cuerpo masculino suele tomarse como el predeterminado en lo referente al diseño: una brecha que limita las oportunidades de las mujeres y pone sus vidas en riesgo. En lo que respecta a la medicina, podrías pensar que las cosas son un poco distintas, pero desafortunadamente, no es así. La investigación médica centrada en lo masculino lleva desarrollándose durante siglos, y las mujeres de todo el mundo siguen sintiendo sus efectos hoy en día en 2020. 

Historia e histeria 

Es fácil entender cómo (y por qué) las mujeres fueron apartadas de la investigación médica. El mismo Aristóteles, el proclamado padre de la medicina moderna, una vez se refirió al cuerpo femenino como un cuerpo «masculino mutilado». Gracias. Esta creencia de que el cuerpo masculino era «típico» y que el cuerpo femenino era «atípico» puede haber surgido en la Antigua Grecia, pero es una idea que ha continuado durante siglos. Sin embargo, en la actualidad los médicos hablan de síntomas o respuestas «típicos» a la medicación, y en la mayoría de los casos hacen referencia a los hombres. 

Durante miles de años, el cuerpo femenino siguió siendo un misterio que el sector médico, dominado por los hombres, no tenía interés en resolver. En cambio, aparecieron teorías disparatadas sobre úteros que erraban por los cuerpos como diagnósticos sólidos para cualquier enfermedad que sufrían las mujeres. Mientras que la teoría del «útero errante» dejó de respaldarse en algún momento del siglo XVI, se sustituyó rápidamente por la noción de «histeria». La histeria era una enfermedad (que curiosamente solo se atribuía a las mujeres) que incluía síntomas como la ansiedad, el deseo sexual y la fatiga. Hoy en día, probablemente anotarías estos síntomas con mucho gusto en la aplicación de seguimiento del ciclo menstrual, mientras que hace 100 años podían conllevar que te encerraran en un manicomio. No fue hasta el descubrimiento del sistema endocrino a principios del siglo XX que se empezó a entender el concepto del ciclo menstrual y las hormonas femeninas, aunque el término «histeria» se siguió usando hasta la década de los 80. 

La historia demuestra lo arraigada que está nuestra falta de conocimiento y comprensión del cuerpo femenino, pero en la medicina moderna estamos empezando a ver de verdad los resultados de esta inconsciente brecha milenaria. 

Ensayos y tribulaciones 

A pesar de que el descubrimiento del sistema endocrino podría parecer un paso en la dirección adecuada para la salud de la mujer, volvió a bloquear el progreso. Los investigadores afirmaron que las hormonas involucradas en el ciclo menstrual presentaban demasiadas variables en los estudios médicos, por lo que  Y así pasó. No fue hasta las mujeres no podían participar en los ensayos médicos.1993 cuando la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) y los Institutos Nacionales de la Salud (NIH, por sus siglas en inglés) ordenaron la inclusión de las mujeres en los ensayos clínicos. Para entonces, casi un siglo de investigación médica se había llevado a cabo casi exclusivamente en hombres y por hombres. 

La creencia general por aquel entonces era que los hombres y las mujeres eran iguales en todos los sentidos, excepto en los órganos reproductivos y las hormonas sexuales. Por lo tanto, cualquier prueba derivada de la investigación médica con hombres podría aplicarse a las mujeres sin problema... pero la realidad no era y no es así. 

La Dra. Alyson McGregor, autora de «Sex Matters: How Male-Centric Medicine Endangers Women’s Health—and What We Can Do About It» («El sexo importa: cómo la medicina centrada en lo masculino pone en riesgo la salud de la mujer y lo que podemos hacer al respecto») dirigió la conversación de la investigación médica centrada en lo masculino a la escena mundial con su Ted Talk de 2014 sobre el tema, que ya se ha visualizado más de 1,5 millones de veces. 

Alyson explica que las mujeres no son «simplemente hombres con tetas y tubos», sino que nuestros cromosomas XX y XY afectan a cada célula de nuestro cuerpo, desde la piel y el cabello hasta el corazón y los pulmones. Estas diferencias genéticas subrayan la importancia de incluir a las mujeres en los ensayos médicos. Por lo tanto, aunque los hombres y las mujeres somos iguales, no estamos hechos de la misma manera. 

Las mujeres pagan el precio  

Uno de los ejemplos más claros de cómo esto pone en riesgo a las mujeres es el fármaco para dormir, Ambien. Tras más de 20 años en el mercado, se recomendó que las mujeres tomaran la mitad de la dosis de Ambien que los hombres. Los investigadores se dieron cuenta por fin de que las mujeres metabolizaban el medicamento de forma diferente. Las mujeres se despertaban al día siguiente con una mayor cantidad del medicamento todavía activo en el sistema y se ponían al volante del coche, poniéndose a sí mismas y a otras personas en peligro.  

No obstante, Ambien es solo la punta del iceberg. Hay muchos otros medicamentos y tratamientos que se prescriben a mujeres cuando nunca se han probado en ellas. El 80 % de los medicamentos que se retiran del mercado se debe a que tienen efectos secundarios en las mujeres. 

Pero, no solo los tests de medicamentos han fallado a las mujeres. Los estudios sobre las enfermedades también se han inclinado históricamente a favor de los hombres. Pensemos en las enfermedades cardíacas: las mujeres están históricamente infrarrepresentadas en la investigación cardiovascular porque a menudo tienen síntomas diferentes a los de los hombres. En el caso de las mujeres, un ataque al corazón puede parecerse más a una indigestión que a un dolor en el pecho. Esta brecha es, al menos, en parte responsable del hecho de que las mujeres tienen menos posibilidades de sobrevivir a un ataque al corazón, especialmente si les trata un médico varón.

Mujeres al borde de un ataque por falta de financiación 

Por lo tanto, está claro que en lo referente a la medicina general, hay una enorme brecha de investigación que apenas estamos empezando a abordar. Pero, seguro que en cuanto a los temas centrados en la mujer, como el embarazo o la salud menstrual, las mujeres estarán teniendo la posibilidad de realizar investigaciones concluyentes, ¿no? Lamentablemente no es así, y se debe principalmente a la falta de financiación. 

Menos del 2,5 % de la investigación de financiación pública está dedicada exclusivamente a la salud reproductiva, aunque una de cada tres mujeres en el Reino Unido sufrirá un problema ginecológico o reproductivo a lo largo de la vida. Igualmente, los datos de EE. UU. muestran que aunque el 10 % de las mujeres se queda embarazada cada año, solo el 2 % de la financiación en investigación está dedicada a la investigación del embarazo. Si quieres ver la verdadera brecha, intenta procesar esta estadística: se investiga cinco veces más sobre la disfunción eréctil, que afecta al 19 % de los hombres, que sobre del síndrome premenstrual, que afecta al 90 % de las mujeres. Es una estadística apabullante. 

Incluso cuando las mujeres obtienen financiación para la investigación centrada en la mujer, a menudo se les concede menos dinero que a los hombres, lo que demuestra que la brecha salarial entre los sexos no solo existe en las salas de juntas de las empresas. 

Un puesto en la mesa de decisión 

Si queremos llegar a ver la verdadera calidad de la investigación médica, tenemos que desmantelar miles de años de brecha de género, una tarea colosal que no puede ocurrir de la noche a la mañana. Pero el cambio solo tendrá lugar cuando veamos a más mujeres en puestos decisivos de los departamentos científicos. Porque al final, si los hombres están siempre en el centro de la investigación médica, la investigación médica seguirá estando centrada en lo masculino. Puede que hayamos recorrido un largo camino desde los días del «útero errante», pero desde luego nos queda un largo trayecto todavía.